Dos mundos y un solo corazón


Por Sergio Reyes

Las primeras ráfagas de una anunciada tormenta invernal comienzan a hacerse sentir en la ‘Babel de Hierro’, provocando de inmediato que cada cual haga los aprestos necesarios para preservar la salud y evitar complicaciones futuras que imposibiliten el pleno disfrute de un feriado navideño en el que prevalece la incertidumbre por el inestable derrotero económico que a todos nos afecta y sume aún más en la pobreza a las naciones mas vulnerables.

El mundo observa estupefacto la forma descarada en que los principales responsables de la catástrofe medioambiental reculan en su fementido ‘compromiso’ con la recuperación de la salud del planeta, llegando apenas a un pírrico acuerdo ‘mínimo’ que les permitiese salir airosos del atolladero en que se encontraban, frente a una población que observa con incredulidad e indignación el atolondrado manejo con que las naciones ‘líderes’ asumen el enfoque de los graves problemas derivados del Cambio Climático y su repercusión en materia ecológica.

Envuelta en el torbellino de conflictos bélicos iniciados de manera irresponsable y que,  al momento, nadie puede asegurar cuando habrán de finalizar, una parte importante de la población -entre la que se cuenta un número significativo de familias hispanas- marcha a la deriva, con el alma en vilo, atentos a la posible llegada de un funesto ‘parte de guerra’ que acabe por destruir los  ya de por si menguados y divididos núcleos familiares.

La creciente crisis económica mundial, caracterizada por una ‘mano amiga’ oficial que solo subsidia y ayuda a salir de la bancarrota a los poderosos, el galopante desempleo, el incremento de la criminalidad y el reforzamiento de las medidas anti-inmigrantes, contribuyen cada día más a sumir en el desánimo y la depresión a importantes contingentes del sector productivo, en los que tradicionalmente ha descansado la maquinaria desarrollista de la Nación, quienes, al contar con limitadas opciones financieras, se constituyen en el sector mas vulnerable para enfrentar la crisis en cuestión.

Ante tan desalentador panorama, los dominicanos y demás inmigrantes que estamos colocados de ‘este lado del río’ vemos pasar los días, repartido el corazón entre dos quereres, enfrentados al eterno dilema de tener que luchar a brazo partido por labrarnos un porvenir en tierras lejanas y extrañas, que por diversas razones -hasta de logística y subsistencia- ya son nuestras, al tiempo que con las alas de la nostalgia y el insondable vuelo de la mirada intentamos trasladar el espíritu a esa tierrita en donde dejamos guardada la otra parte de esos ‘quereres’, al cuidado de Dios.

Tierra lejana, de la que median profundos océanos de salitre y coral, separada de nosotros por territorios infinitos de montañas, carreteras, bosques y desiertos así como por  inmensos espacios abiertos poblados por esponjosos volúmenes de blanco algodón y cielo azul.

Y a pesar de todo, -y con perdón del Creador!-, ni siquiera esa magnificencia de la Madre Naturaleza logra intimidarnos ni desestimularnos cuando la poderosa voz del grito interior nos hace envalentonarnos y partimos de vuelta, al reencuentro con nuestras raíces, nuestras culturas, la otra parte de nuestras familias que aún quedan allá, y nuestros viejos y nuevos afectos,

… aún sea por el limitado periodo de unas cortas vacaciones!.

Y ya en la Patria de nuestros amores, gozando de las delicias del remanso familiar,  compartiendo junto a amigos y relacionados, envueltos en el tráfago de las festividades y celebraciones, disfrutando el ‘calorcito’ tropical, empapándonos de los temas de actualidad y de los más recientes ‘bochinches’ en el espectro político-social y farandulero y de los ‘chismes calientes’ del entorno, hemos de razonar en que, en verdad, la vida ya no es ni será la misma:

Con la fuerza del paso de los años se transforman las gentes y las actitudes. Aquellos que apenas gateaban cuando partimos al ‘exilio económico’ en el presente son hombres y mujeres, que marchan a la par de la época, influenciados por patrones culturales en gran parte desconocidos por el recién llegado. Paradójicamente, aquellos que regresan al lar nativo, provenientes de lugares y naciones ‘desarrolladas’ se ven abocados a tener que efectuar ‘ajustes urgentes’ en sus estilos de vida, formas de vestir, actualización en ritmos, bailes y gustos musicales, so pena de pasar por desactualizados o, en el peor de los casos, de ser calificados como “queda’os”.

Y es que, quiérase que no, en el fondo de la maleta del inmigrante viaja un mundo en miniatura en el que arrastramos todas aquellas cosas inolvidables que forman parte de nuestras vidas. Las llevamos junto a nosotros, sufrimos por ellas, lloramos con ellas todas las noches y suspiramos con ellas ante cada fragancia, cada sonido, cada mención o el simple registro de una pieza musical que nos traslade a lugares, recuerdos o personajes de ese ayer jamás olvidado.

El mundo ha cambiado a nuestro alrededor -tanto aquí como allá- ; Es cierto; pero seguimos siendo fieles a un pasado al que hemos atado nuestras ilusiones. Por la preservación de los aspectos más positivos de ese pasado fuimos capaces de enfrentar el mar bravío y la soledad del desierto. Y aferrados a una estampa de la virgencita, muchos enterraron sus temores y escalaron los cielos para llegar a ignotos lugares.

Por ello, a pesar del discurrir del tiempo, seguimos guardando fidelidad a ese pasado que dejamos atrás, cual si hubiésemos dejado el corazón congelado en la vieja neverita de la casa, para encontrar todo en el regreso, tal y como era entonces.

De todas formas, anticuados o no, pienso que debemos asumir los nuevos retos del presente y disfrutar junto a nuestros seres queridos tratando de balancear los aspectos positivos de cada etapa generacional. La vida es un inmenso tesoro que debemos preservar y valorar. Y, por encima de todo, a pesar de los conflictos y adversidades, el mundo todavía es hermoso.

Debemos ser fuertes y esforzarnos en ser felices. Al tiempo que lloramos la dolorosa partida del inolvidable Luís Días y otros más que cayeron en el trayecto, celebremos el triunfo nacional de Martha Heredia. Mientras festejamos el éxito de la jornada en contra de la instalación de la cementera en Los Haitises, reclamemos cordura a nuestros dirigentes  para que no colapse nuestra endeble Democracia por culpa de las truchimanerías y ‘reservas’ impuestas hoy día como norma en los partidos políticos tradicionales de nuestro país y que viene lacerando burdamente las legítimas aspiraciones de una pléyade de jóvenes valores miembros de dichas entidades, que representan el sentir de sus comunidades de origen.

Debemos pedir -y más que pedir, exigir-, respeto a la vida y a las libertades públicas. Que cesen las ejecuciones sumarias con etiqueta de ‘intercambios de disparos’, así como los escandalosos feminicidios y los abusos contra infantes y envejecientes. Que haya más honestidad en el manejo de los bienes públicos y que cese la politiquería.

El pueblo tiene derecho a disfrutar las fiestas navideñas en un ambiente de Paz, armonía y respeto a la condición humana.

Que reine el amor y la comprensión en toda la Humanidad!!

Paz a los hombres de buena voluntad!!

Feliz Navidad, Querido Pueblo Dominicano!!

Fuente

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