Por Haiti, por nosotros mismos, por la HUMANIDAD !!


Sergio Reyes II

Un cataclismo inimaginable se ha cernido sobre gran parte del territorio de la isla Hispaniola, sacudiendo las entrañas de nuestra querida Patria y sumiendo en el colapso a la  hermana República de Haití. Parecería como si una jauría de lobos hambrientos descargase su ira sobre esta empobrecida nación, sumiéndola de más en más en un trágico derrotero de hambre, muerte y desolación. Escenas fantasmales, que conturban el espíritu, llenan los espacios noticiosos, las emisiones televisivas y los medios periodísticos impresos y en emisión digital.

De los primeros reportes, obtenidos de manera precaria, ha podido saberse que una primera sacudida de desastrosos efectos fue seguida de una secuela de ‘réplicas’, lo que aumentó el espanto y sumió a la indefensa población en una especie de catarsis y terror sin precedentes. Grandes edificios públicos y privados, centros hospitalarios, templos religiosos, escuelas y viviendas han sido el objetivo principal de las endemoniadas fuerzas telúricas expandidas sin compasión en una vasta área que tiene como principal centro poblacional la zona de la capitalina ciudad de Puerto Príncipe y sus barriadas aledañas.

Entendidos en la materia han alertado sobre la posible ocurrencia de otros fenómenos que tengan como escenario los mares y océanos que envuelven a las islas del arco antillano, y, de manera principal, todo el perímetro de la Isla Hispaniola, Cuba y el archipiélago de las Bahamas, entre otras.

Como se ve, la Madre Naturaleza no se anda por las ramas a la hora de repartir sus arrebatos de ira y distribuye por igual sus ‘exabruptos’ en todos los ámbitos del planeta: ricos, pobres, negros, blancos, cobrizos, … que más da!!
A la hora de enfrentar las inclemencias de la Naturaleza o los designios del Creador todos somos simple estadística que habrá de engrosar los listados en los reportes de ‘heridos’, ‘desaparecidos’, ‘damnificados’ o, en el peor de los casos, ‘fallecidos’.

Nadie puede considerarse exento del ineludible dilema de caer aplastado por los efectos de la fatalidad o tener que rendir cuentas a la vida al momento de enfrentar las impacientes exigencias de la Parca. Por ello, no es ocioso señalar que cada ser humano debe hacer, cuanto antes, un acto de suprema contrición consigo mismo a fin de evaluar lo que estamos haciendo con nuestras vidas, el papel jugado frente a nuestras familias y semejantes y la validez del legado que hemos de dejar a quienes nos sobrevivan.

Cada día que pasa una tragedia afecta a un ser humano en algún lugar del mundo y la mayoría ni siquiera se inmuta en la creencia de que los efectos desastrosos de dichos males repercuten en linderos y territorios muy lejanos del punto en que nos encontramos. Solo cuando –como en el caso– la tragedia golpea en las puertas del vecino, sentimos un vago temor, y algunos comienzan a despertar de su largo sueno de indiferencia e insensibilidad. Mas aún, algunos se alegran ante la indolente e irracional percepción de que ‘los daños fueron mínimos y la población –nuestra– no resultó seriamente afectada’; olvidando con ello que, dondequiera que un ser humano sea afectado debemos sentirnos conturbados, puesto que tarde o temprano la fatalidad puede tocar nuestras puertas y entonces clamaremos a gritos por la mano amiga de la Solidaridad, ese sentimiento sublime que unifica a los seres humanos haciendo mas llevaderos los desastrosos efectos que sobrevienen a las tragedias y cataclismos.

Hoy que el dolor, el luto y la consternación golpean inmisericordemente, una vez mas, al Hermano Pueblo Haitiano, debemos sumar esfuerzos para contribuir de la forma que sea, para ayudar a paliar el hambre, el dolor y las penurias de esta desvalida población vecina.
Sin miramientos, sin resquemores, sin ‘patrioterías’ trasnochadas e insensatas debemos dar un paso al frente, y contribuir, en lo que podamos, para remediar los males de esa pobre gente golpeada por el flagelo de la destrucción.

Alimentos, medicinas, ropa y apoyo logístico para contribuir, aun sea medianamente, en la inminente labor de reconstrucción de esa devastada Nación, deben ser el imperativo del momento.

Hoy es por Haití; Mañana podría ser por nosotros mismos!!.

sergioreyII@hotmail.com
01/13/2010; 11:00 a.m. NYC

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